Un 28 de febrero reivindicativo, de lucha y resistencia

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Imagen: ABC.

El 4 de diciembre de 1978 sentamos las bases de lo que luego se materializó el 28 de febrero de 1980. Accedimos a la autonomía por la vía del 151 de la Constitución Española, la que nos otorgaba el mayor número de competencias y la máxima capacidad de autogobierno. Para ello hacía falta la ratificación mediante referéndum por el voto afirmativo de la mayoría absoluta de los electores de cada provincia. Electores, que no votantes. El resultado fue que el pueblo andaluz expresó en las urnas su voluntad expresa de situarse en la vanguardia de las aspiraciones de autogobierno de máximo nivel en el conjunto de los pueblos de España.

 El Estado autonómico experimenta hoy una crisis de legitimidad originada por los conflictos territoriales que horadan su eficacia y desacreditan las políticas que los gobiernos autonómicos diseñan y ejecutan. Una corriente recentralizadora de las competencias amenaza el Estado autonómico sobre todo con argumentos economicistas. Quienes plantean esta reconcentración la justifican en el despilfarro de dinero público y la inutilidad de determinadas administraciones. Pero paradójicamente, quienes prodigan este discurso han ejercido el poder ejecutivo de varios gobiernos autonómicos durante muchos años, antes en un partido y ahora en otros. No es menos cierto que nuestros ejecutivos andaluces han contribuido a que este discurso de descrédito hacia la gestión directa de los territorios haya calado en el pueblo andaluz. Y así se ha demostrado en las últimas elecciones andaluzas en las que fuerzas con un componente sobrecargadamente centrista han copado el mayor número de votantes. Votantes,  no de electores. Al contrario de lo que sucedía hace más de 40 años, el pueblo andaluz desconfía de su autonomía y de la democracia como forma de gestión de lo público. Nuestra identidad como pueblo se ha diluido en simbología, pose y en un lucimiento vacío y muy alejado de la realidad social de la mayoría andaluza.

Hoy, el 28 de febrero, no es un día festivo, sino reivindicativo, de lucha y resistencia. En 1978 y 1980, Andalucía supo entender que la menor distancia entre el pueblo y el gobierno era la única manera de hacer realidad los sueños y aspiraciones de nuestra tierra. Hoy tenemos que volver a creer en nuestra autonomía que hace tangible nuestros valores más profundos como sociedad. La igualdad y la dignidad de nuestro pueblo no se garantizan sin servicios públicos universales y de calidad, acceso a la vivienda, trabajo y pensiones dignamente remuneradas. La amenaza recentralizadora es muy probable que sólo sea eso, una amenaza, una estrategia para hacernos creer que nuestro autogobierno no sirve, que no es un modelo solidario con los otros territorios, que es más eficiente devolver las competencias al Estado. Pero me da la sensación que en el camino hacia la centralización, la privatización sea la primera parada.

El 28 de febrero, defender nuestra identidad será defender nuestros derechos como pueblo. Igual que hace 40 años. Como entonces, en nosotros y nosotras está resistir y decir sí a Andalucía y sí a la democracia.

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