Una de deudas

José Luque León

Si la deuda sigue ascendiendo, serán los tarifeños, a través de sus impuestos quienes paguen la deuda y vean sus servicios públicos depauperados aún más que ahora

Estoy cansado de escuchar “yo no sé cómo lo hará Juan Andrés pero con este ayuntamiento todo el mundo cobra al día”. Este argumento, que se disuelve de forma inocua en la conciencia del tarifeño y que en primera instancia nos ejemplifica una sólida gestión, se tambalea cuando rebuscamos en los cimientos del mismo

En primer lugar me gustaría remontarme al 6 de Octubre de 2011. Fecha en la que el señor Juan Andrés Gil otorgó por decreto al Banco Santander el crédito oficial para el pago de proveedores municipales avalado por el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Y es que al parecer, las estrellas quisieron alinearse para que el señor alcalde firmase el decreto en favor de un banco con el que el “excelentísimo” tenía una clara vinculación aludiendo a que: “el comercial del Banco Santander pasaba justo ese día por el Ayuntamiento de Tarifa”.

En segundo lugar me gustaría afirmar, que ayudado por la normativa vigente de estabilidad presupuestaria, el consistorio ha podido disminuir en más de dos millones de euros la deuda con los proveedores. Un dato que parece positivo siempre y cuando lo visualicemos por separado de la deuda que el consistorio arrastra con la Hacienda Pública, la cual asciende a más de 28 millones de euros (en 2011 ascendía a 18 millones, aproximadamente 10 millones de euros menos).

Las consecuencias del progresivo endeudamiento con Hacienda conlleva a la imposibilidad de recibir subvenciones económicas o planes de empleo, es la causa por la que aún existe el Patronato de Juventud, ya que se canalizan todas las subvenciones a través de ese patronato. Por otro lado, este gobierno está endeudando a todos y cada uno de los ciudadanos por su mala gestión. Eso significa que se está gastando por encima de lo que se dispone, frase que le encanta repetir constantemente a la derecha. Si la deuda sigue ascendiendo, serán los tarifeños, a través de sus impuestos quienes paguen la deuda y vean sus servicios públicos depauperados aún más que ahora.

Bajo mi humilde opinión pienso que, quien lastra y dilapida a su pueblo, no sólo no es un buen gestor sino que se convierte en su auténtico enemigo. Si a todo esto le sumamos: los expedientes de contratación con informes desfavorables, el intento de enchufar a hijos de ediles, las extrañas concesiones a empresas que trabajan en ayuntamientos en los que gobierna el Partido Popular, nos encontramos un entramado de redes clientelares que hacen del ayuntamiento un auténtico régimen al más puro estilo cortijero…

Pienso que el “excelentísimo” no solo es un mal gestor sino que: ¡Estamos tardando en echarle!

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